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Cultura del odio en redes sociales

Por: María Paz Correa

Hace ya tiempo que las redes sociales, fundamentalmente facebook y twitter, se han abierto paso entre nosotros hasta formar parte importante de nuestra vida, por lo que no ha de extrañarnos ver a las personas mirando continuamente su celular durante su trayecto al trabajo o a cualquier otra actividad en el metro, en la micro, caminando por la calle, en el auto, etcétera, siendo algunos de estos ejemplos muy condenables, como es el caso de la persona que va manejando y en forma paralela revisa su teléfono celular. Las redes sociales pueden tener diversos usos, pues las cuentas creadas en ellas tienen como titulares a personas como tú o como yo, y somos conscientes que cada una tiene distintas posturas y es parte de la libertad de expresión el emitir opiniones, llegando incluso a estar reconocida (libertad de expresión) a nivel constitucional como un derecho fundamental.

Y es que la sociedad ha avanzado tanto que las discusiones más relevantes de nuestra cotidianeidad se han instalado en dichas redes sociales, temas como el aborto, eutanasia, reforma tributaria, matrimonio homosexual, carrera docente, etcétera, han llenado los muros de los usuarios de facebook desde las más diversas posturas y eso es absolutamente aceptable porque nos afecta a todos, pero ¿es aceptable que las discusiones se transformen en una verdadera cultura del odio?

Para que nos entendamos quiero que se interprete lo que he denominado “cultura del odio” simplemente como aquella expresión emitida por una persona con ánimo de ser irrespetuosa. No quiero caer en pensar todo como utopía, pero ¿estamos tan seguros de nuestras convicciones hasta llegar al extremo de estar dispuestos a combatir la opinión del otro contraria a la nuestra al punto de faltarle el respeto con insultos? la verdad es que la respuesta al unísono de todos debiera ser NO, y el porqué es básicamente hacer notar un principio que es un mínimo de convivencia social: podemos tener distintas posturas frente a un tema, porque es parte de nuestra naturaleza, pero es indispensable entender que el respeto es transversal a todos, a este respecto no hay etiquetas creadas por el hombre que no sean susceptibles a este valor.

Muchas personas caen en el error de pensar que su libertad de opinión es infinita, pero como no somos seres humanos aislados, sino que por naturaleza somos sociales y necesitamos del resto, es necesario entender que mi libertad termina donde empieza la del otro, cierto es que ésta es una frase hecha pero ¡cuánta verdad guarda!, como todo derecho (y todo lo que podamos imaginar), la libertad de expresión y todo lo que ella conlleva tiene límites y su límite es la dignidad de la persona, es decir, emitamos todas las opiniones que queramos pero si esa opinión está dirigida a injuriar al otro, es decir, a desacreditar o deshonrar a esa persona, todo el valor argumentativo que pueda tener la postura que hayamos escogido se va a desmoronar porque no se está atacando el argumento mismo, cayendo además en lo que se conoce como falacia “ad hominem”.

Aprendamos a debatir limpiamente, dejemos fuera el odio y pongamos como centro de la discusión el respeto y a esto añadamos la tolerancia, que ojo no significa aceptar como verdadera una postura, sino que entender que existe una gran diversidad de posturas frente a los diferentes temas. Contribuyamos a la defensa de los Derechos Humanos desde su inicio, es decir, desde su fuente: la dignidad de la persona humana.

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