“Me invadió la ternura que de ellas se desprendía y no era necesario poner en práctica guiones que había armado por días”

Por: María Paz Correa Olave

Estudiante de Derecho

“El que no vive para servir, no sirve para vivir” es la frase de la Madre Teresa de Calcuta que suena en mi cabeza cada vez que me toca vivir la maravillosa experiencia del voluntariado que organiza Libres, el cual es muy especial ya que está dirigido a los abuelitos del Hogar Santísima Trinidad, dependiente de la Fundación Las Rosas.

Llegue en un momento en que buscaba hacer algo distinto a solo estudiar, cosa me gratificaba enormemente hacer, pero no era suficiente para mí. Necesitaba hacer algo por alguien distinto a mí, porque en la vida he recibido tantas cosas lindas que buscaba devolver la mano de alguna manera.

La primera vez que visité el hogar fue una mezcla de muchas cosas, sólo quería hacerlo bien y la verdad es que resultó mejor de lo que esperaba. Cuando estuve cerca de las abuelitas (en ese tiempo sólo eran mujeres) simplemente me invadió la ternura que de ellas se desprendía y no era necesario poner en práctica guiones que había armado por días preparándome para el voluntariado, eran cosas que sólo fluían. Pero no todo era felicidad, también se vivieron momentos de tristeza, ese día estaban velando a una abuelita en la capilla del hogar que estaba totalmente sola, sin que ningún miembro de su familia la estuviera acompañando, así que decidí acompañarla junto a una amiga. Decidí que ese momento sería la primera visita de muchas más, pues los adultos mayores son un grupo muy desprotegido y abandonado.

Desde entonces me he hecho cargo de preparar algunas tarjetas de cumpleaños para las abuelitas que cumplen en el mes de la visita. Vamos buscando a cada una de las abuelitas para poder desearles un muy feliz cumpleaños y entregarles lo que preparamos, pero, lo más lindo, es el amor que también te entregan a cambio del que uno les das. Ello lo vi reflejado en el último voluntariado: en nuestra tarea por encontrar a una abuelita para entregarle su tarjeta, una de las abuelitas que estaba sentada a su lado saca de su bolso la tarjetita que le habíamos llevado en el mes de noviembre del año pasado y dice: “yo también tengo la mía”. No podía creer que hubiera significado tanto para ella, a tal punto que siempre la llevaba consigo en su bolso.

La vida puede pasar muy rápido y encontrar su sentido puede tomarnos años, pero una clave para encontrarlo es el servicio social, poner todos nuestros talentos al servicio de otros y compartirlos.

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