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Solucionar los casos SQM, PENTA y CAVAL ¿es mejorar la realidad política chilena?

Por: Cristian Mundaca

Hace no muchos años la relación entre negocios y la política se limitaba a algunos dichos similares a “tal sector político defiende a los empresarios”. Hoy, con todo lo que ha sucedido, sabemos que la relación va más allá de un sector político y mucho más allá de una simple defensa corporativa.

Los casos PENTA y SQM han abierto los ojos sobre la forma de financiamiento de las elecciones en general y, como respuesta, algunos hablan de la necesidad de un financiamiento público a las elecciones y a los partidos, pero ¿es esa la solución?

Tratando de arreglar la institucionalidad electoral en el Congreso se discute el proyecto de financiamiento a la política, en la moneda se promulga la ley del nuevo sistema electoral y se entregan los resultados de la comisión presidida por Eduardo Engel. Todo esto apunta a reparar lo que se ha identificado como los grandes problemas de la política en el país. Sin embargo, nada anticipa que así sea, ni que la efectividad de todos estos cambios garantice una mejor percepción ciudadana sobre la política y los políticos.

En efecto, es extremadamente difícil remontar el 75% de reprobación que tiene le Senado y el 77% de la Cámara de Diputados mediante reformas[1], en su mayoría, orientadas a la institucionalidad electoral.

La razón de lo anterior es que la desaprobación a los partidos, a las coaliciones, al Senado y la Cámara de Diputados es anterior a SQM, PENTA y CAVAL. Por lo tanto creer que solucionando las consecuencias de esto último es el camino para mejorar la realidad política chilena es querer tapar el sol con un dedo.

Entonces, es claro que el problema central no es el financiamiento de la política, aunque si es una gran ayuda mejorar la institucionalidad respectiva y los beneficios son muchos y muy esperados. El verdadero problema es la relación existente entre dinero y política. Esta relación va más allá de lo electoral, afecta directamente a las personas en el día a día.

Ejemplo de lo anterior son los crímenes como la colusión de las farmacias o de los pollos que se dan a diario y poco se hace al respecto. En este sentido el proyecto que criminaliza la colusión, otorga penas de cárcel y aumenta las multas pecuniarias para quienes cometan este crimen es un primer y gran avance y una valiosa herramienta que ha pasado desapercibida ante los mediáticos casos de financiamiento a la política.

En otras palabras, regular la relación de negocios con la política y con la sociedad en general es esencial, así como es una base imprescindible penalizar la colusión y perseguirla para mejorar la calidad de la democracia.

 

[1] Según adimark abril de 2015.

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  1. Estimado Cristian:

    Sin lugar a dudas que parte del problema es la relación existente entre dinero y política, y que esta relación va más allá de lo electoral, y que afecta directamente a las personas en el día a día, con la agravante de que “A FUERZA DE VER TODO, SE TERMINA POR SOPORTAR TODO, Y A FUERZA DE SOPORTAR TODO, SE TERMINA POR ADMITIR TODO.”

    Sin embargo, estimo que el Verdadero Problema es que Estado de Chile esta muy lejos de ser un ESTADO CRISTIANO, con todos sus benéficos efectos personales y sociales. Y si los políticos actuales objetan esa idea señalando que ya está superada por la separación de la Iglesia y el Estado, entonces habrá que inclinarse y decirles que no somos grandes políticos como ellos, pero como católicos podemos responderles que “SI NO LLEGADO EL MOMENTO DE QUE JESUCRISTO REINE, Y BIEN, ENTONCES TAMPOCO HA LLEGADO EL MOMENTO DE QUE LOS GOBIERNOS PERDUREN.”

    Un cordial saludo,

    Cristian

  2. Estimado,

    Estoy de acuerdo con que la desaprobación del Congreso era baja antes de que estallaran todos estos eventos recientes. Sin embargo, el informe de la Comisión Engel tiene 234 páginas, que tal como mencionó Olga Feliù, son propuestas que van mucho más allá de la relación entre el negocio y la política. Es cierto que uno de los problemas era que muchos de los delitos cometidos quedan impugnes o con relativamente baja sentencia. Aunque hace falta hacer mucho más, una de las propuestas pone una sólida base en considerar que los candidatos que violen las leyes de financiamiento perderán el escaño.
    Sin embargo, no considero que hay que meter a todos los políticos en el mismo saco. En esta sociedad hay malos y buenos de todo. Malos y buenos abogados, malos y buenos doctores, malos y buenos futbolistas, no por eso vamos a desmerecer o desaprobar esa profesión o rol en la sociedad. El financiamiento empresarial en esencia no es malo, si una empresa considera que candidato X sirve mejor para alguna finalidad, entonces debería tener el derecho a poder influir en la toma de decisiones. No es distinto a que done una persona, que también elegirá de acuerdo a sus intereses e ideales. El problema viene cuando ya se vulneran las leyes, tal como ha sucedido y todo queda relativamente igual. Todos los empresarios tienen mala reputación por el actuar de unos pocos (caso colusión farmacéutica), y todos los políticos tienen mala reputación por el actuar de pocos (Caso Penta, SQM).
    Excelente columna y sigue escribiendo.

    Sobre el señor Cristian que comentó, empíricamente no hay relación entre el grado de “cristianismo” y el “buen gobierno”. El ideal de la DC e incluso RN son las Social Democracias, precisamente el de países con alto nivel de Ateísmo que su vez son los que gobiernan mejor. Holanda, Dinamarca, Noruega, Islandia e incluso Alemania, cuna de la Social Democracia en el siglo XIX, son países altamente ateos. Sus políticas sociales pueden ser perfectamente compatible con principios cristianos, pero también con principios ateos. En conclusión, que un país o gobierno brinde de “buenos beneficios sociales y personales”, no tiene relación alguna con que tan Cristianos son.

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