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Un hermoso Testimonio

Por: Maureen Walbaum

Aun recuerdo cuando nos fue a dar la primera charla una abogada que nos dijo: “Ustedes son unos héroes”, lo decía porque sabía del valor que había que tener para ir, voluntariamente a ver abuelitas. Y la verdad es que sí, es difícil mirar la fragilidad humana; mucho más bienvenidos son los atributos “sanos, bonitos”, como lo podría representar un niño.

Sin embargo para mí esta experiencia de ir a visitar abuelitas y de colaborar con el voluntariado significó también enfrentarme con mi propia fragilidad al asumir las distintas tareas del mismo. Lo cual nos hizo vincularnos y empatizar con las abuelitas.

También me pasó que un día en que a mí se me había olvidado lo más esencial: Dejarse amar, como amar a otro. Resultó que justo ese día, me hallaba sentada en una mesa con cuatro abuelitas, una de ellas tenía la costumbre de repetir muchas veces una misma palabra, en este caso fue decirle “Linda, linda, linda…” a la voluntaria que la venía a visitar. Por otro lado, en esa misma mesa había otra abuelita que se sentía muy agradecida por un sencillo gesto que yo realizaba y que me lo agradecía cada vez que la ayudaba.

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